Cumpleaños feliz

(por Andreu Buenafuente)
Estos días, los de Microsoft están de celebraciones. Una gente muy humilde, casi no lo han celebrado… Ahora hace 20 años que salió al mercado el sistema operativo Windows. Hace 20 años los ordenadores eran de chiste. De entrada, se llaman computadoras. O computadores. Se veían en aquellas películas americanas. Bueno, en aquella época, hasta la tostadora tenía más memoria. Pero como éramos unos ignorantes, colaba. «Tú, Buenafuente, te tienes que comprar un Spectrum, y que tenga 64 KAS». Digo: «Vale, a poder ser de naranja». ¿Yo qué sé qué es una KA? Una KA, ¿qué es?

Los más jóvenes igual no se acuerdan, pero los programas informáticos antes se cargaban en cintas de casete. Tú ibas a la gasolinera y te podías comprar una cinta de Chiquetete, los chistes de Arévalo y el Photoshop uno punto cero.

Los jóvenes actuales tenéis ADSL, pero nosotros empezamos con el A veces lee, a veces no lee.

Con la informática, gracias a Microsoft, han nacido conceptos nuevos. Como la banda ancha. «¿Tienes banda ancha?». Yo siempre digo que sí, por si acaso: «Hombre, yo tengo lo justito, lo que podía pagar». «¿Pero qué caño tienes?». «¿A ti qué te importan los temas personales?». Cuando oigo lo de la banda ancha siempre me imagino a una miss entrada en carnes. Miss Ancha es Castilla.

La verdad es que la informática es un adelanto, pero da muchos disgustos. ¿A quién no se le ha borrado un trabajo entero después de un mes currándotelo? En el momento que pregunta: «¿Salvar?». Y tú, como estás drogao, pones: «No». Y el ordenador: «¿Borrar todo?». Y tu dedo, que es un cabrón, no obedece la orden que estás dando y presiona: «Sí». Y te quedas mirando la pantalla en silencio, preguntándote: «¿Pero qué he hecho?». Eso es lo que los psicólogos denominan sensación de vacío. ¿Qué es el vacío? Es eso. Entonces piensas: «Puñetera informática. Si lo hubiera hecho a boli estaría encima de la mesa. Con tachones y manchurrones, pero encima de la mesa».

Además, ¿adónde van a parar todos los trabajos que se borran sin querer? ¿Al purgatorio de los trabajos? Debe estar Santo Job, de vigilante. Y los espíritus de los trabajos por allí, pululando: «¿Oye trabajo, tú de qué eres?» «De Biología». «¿Y de qué palmaste?». «De un corte de luz. ¿Y tú?». «Yo soy la primera novela de Julián Muñoz. Me suicidé con un virus. Por el bien de la Humanidad». Era un trabajo mártir.

Y si no se lo carga el ordenador, viene el técnico informático y lo remata. ¿Por qué? Porque el técnico informático es un asesino en serie. Sí, vamos a decirlo, son seres de otro planeta, hablan otro idioma. De entrada te miran siempre como un culpable. «¿Qué ha hecho?». «Pues trabajar». Y él: «Pues no va». Y tú: «Claro que no va. ¿Por qué se cree que le he llamado? ¿Porque estoy enamorado de usted?». Y te lo empieza a manosear por dentro: «Te he puesto un procesador de veinte megahercios, te he cambiado la placa base y los interfaces, te he revisado la memoria caché y te he reformateado el disco». Y tú: «Muy bien. Y mis fotos, ¿dónde están?».

«Se han borrado con el formateo». Y encima la culpa es tuya: «Claro, si no hace una copia de seguridad…». Que le dirías: «¿Y usted tiene una copia de su cara? Por su seguridad». Y luego te ofende: «Es que usted va con un cacharro. ¿Dónde va con eso?».

Claro, como la informática se queda obsoleta tan pronto. Es más, estás saliendo de la tienda y el mismo vendedor ya te dice: «¿Dónde va con eso? Eso en dos días se queda antiguo».

Como dice mi amigo Ramón: los ordenadores son como las parejas, siempre hay alguien que tiene una mejor que tú. Por eso, a los pocos meses ya estás pensando en cambiar. Y al ordenador también.

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